El apego es el vínculo afectivo que se establece entre el bebé y la persona más cercana a él, que le proporciona cuidados, afecto y seguridad.

El apego en la infancia es lo que da al niño un sentido de seguridad, autoestima y confianza en sí mismo y en el mundo. Se ha demostrado que una relación sólida y saludable con la persona que te cuida constituye un modelo para las relaciones personales en la vida, mientras que un apego pobre o “inseguro”, parece estar asociado a problemas emocionales.

El apego es la primera relación que se tiene en esta vida a partir de la cual, cada niño sentará las bases más primarias para querer y dejarse querer, para sentir y expresar sus emociones y, en definitiva, para el desarrollo de una personalidad estable

John Bowlby

El apego tiene un periodo crítico para su desarrollo entre los 6 y los 8 meses de vida; la calidad de la relación con el bebé en esos momentos es crucial para su desarrollo emocional; si hemos ido sembrando el camino de cuidados y cariño desde el primer día de vida, con casi total probabilidad en bebé desarrollará un apego seguro y sano.

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De qué está hecho el apego

De emociones, de cuidados sensibles, de necesidades cubiertas, de seguridad, de consuelo y de constancia. Son las inflexiones de voz, el tono, las miradas y las expresiones del rostro. Aunque no sepas exactamente que necesita tu hijo, puedes reconocer sus emociones (rabia, miedo, tristeza…) y responder en consonancia.

El experimento de «la situación extraña» de Mary Ainsworth (discípula de John Bowlby) puso la guinda al pastel, al confirmar con hechos observables, la teoría de su predecesor.

 En el experimento se observaba la interacción entre el bebé y su figura de referencia en distintas situaciones, que explican el funcionamiento del sistema de apego en la infancia

Los 4 tipos de apego en la infancia

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Apego seguro

El cuidador está generalmente disponible y responde a las llamadas del bebé sin sobreproteger. Le consuela y le va ayudando a desarrollar sus propias estrategias de regulación emocional. Anima al bebé a explorar el entorno, siendo su base de seguridad: el bebé juega sin miedo, echando un vistazo a mamá o papá de vez en cuando; sabe que, si pasa algo, van a estar ahí.

Los bebés con apego seguro muestran un patrón saludable en la forma de relacionarse con sus padres. Si le dejan solo, puede disgustarse, pero cuando vuelven se calma con facilidad y les recibe con alegría, no con ansiedad.

Cuando estos niños van creciendo, van a ser capaces de pedir ayuda si tienen algún problema; han aprendido a confiar en el otro y a sentirse dignos de confianza y amistad.

No se deberían apreciar mayores problemas durante la adolescencia, si se mantiene esa relación de seguridad y apoyo parental.

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Apego evitativo

El cuidador muestra insensibilidad, rechazo e incluso hostilidad hacia las necesidades del bebé, que puede pasar mucho tiempo solo, llorando, o es atendido de una manera fría, sin afecto.

Estos bebés se muestran bastante independientes mientras juegan, se centran en sus actividades ignorando a su madre/padre. Han ido aprendiendo que no pueden contar con su apoyo y que para mantenerles cerca deben reprimir sus necesidades afectivas. Esa aparente indiferencia no es más que una manera de adaptarse el rechazo que han recibido. Finalmente se desconectan de su mundo emocional como mecanismo de defensa.

Estos niños cuando crezcan y se enfrenten a problemas, no sentirán la necesidad de pedir ayuda, pues no confían en la gente. Tienen una falsa sensación de autonomía, pero como no saben resolver muchos de sus problemas, aprenden a negarlos o minimizarlos. Son niños que saben agradar y no dan problemas aparentes.

Es de esperar que, al llegar a la adolescencia, lo reprimido acabe saliendo. En su estilo negador, idealizan a sus padres e integran el rechazo como algo normal. Si no se repara, crecerán desconectados de sus emociones y con gran dificultad para mantener relaciones afectivas completas.

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Apego ansioso

El cuidador actúa de forma contradictoria e impredecible; está disponible cuando le apetece, no cuando el bebé lo necesita. En algunas ocasiones fríos y rechazantes, en otras cariñosos, afectivos e incluso sobreprotectores. Puede llegar a provocar bastante miedo e inseguridad al bebé.

Estos bebés no saben qué pueden esperar de su madre/padre, por lo que sufren ansiedad. No juegan ni exploran su entorno, están demasiado preocupados por tenerles cerca. Si le dejan solo, tienen fuertes explosiones emocionales y cuando vuelven, no consigue calmarse con facilidad.

Estos niños aprenden desde muy temprano a conseguir atención de una manera disfuncional, pues no han aprendido otra forma. Tienen rabietas y comportamientos inmaduros, en un intento desesperado por recibir los cuidados y afecto que todo niño necesita. Cuando tengan problemas pedirán ayuda, pero rara vez la ayuda del otro conseguirá calmarles. Son inconsolables

En la adolescencia, ese sentimiento de inseguridad hará que tengan relaciones muy intensas. Podrían utilizar chantajes y conductas manipuladoras para mantener cerca a la gente y son propensos a dejarse llevar por lo que otros les dicen.

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Apego desorganizado

Son niños que han sufrido malos tratos, abusos, o negligencia. Son casos muy complejos. Los niños con un apego en la infancia evitativo y ansioso, al fin y al cabo, acaban organizando una forma de vincularse, insegura, pero estable. Estos niños han vivido experiencias tan caóticas y dolorosas que no tienen base y se mueven entre la desconfianza y el miedo y la dependencia y necesidad

Estos niños viven en una sensación crónica de terror, por lo que no aprenden a regularse, su bagaje emocional y recursos socializadores son caóticos. Son más propensos a adicciones, conductas agresivas y al descontrol de los impulsos

Tengamos en cuenta que, aunque el sistema de apego es importante, no es una clasificación de la personalidad. Las personas somos mucho más que nuestro apego y habrá otras variables igualmente importantes en nuestro desarrollo. Nuestras experiencias de vida y aprendizajes irán moldeando quienes somos.

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El apego en la infancia no determina tu vida

El apego es un proceso continuo, que puede ir modificándose a través de las relaciones significativas que mantengamos durante toda nuestra vida

Bibliografía:

Bowlby, J. (1998) El apego, una base segura. 1989.

Fonagy, P. (2004). Teoría de Apego y Psicoanálisis.

Yates, T.M.F. (2006). Resilience at an early age and its impact on child development

Siempre hay un espacio para reparar y sanar nuestra manera de vincularnos y encontrar, de adultos, ese lugar seguro en el que nos sentimos queridos y aceptados.

Hoy puedes empezar a trabajar en ti para sanar tu apego y aprender una mejor manera de vincularte

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